Dejando aparte la contribución de Roma a la urbanización de la península, el que debería considerarse como primer urbanista español (y quizá europeo, tras la etapa clásica) fue el fraile valenciano Eiximenes, que en el siglo XIV trató la forma de la ciudad ideal en sus escritos teológicos, obras que tuvieron gran repercusión en la forma de los nuevos poblados que por entonces se iban creando en el reino de Valencia e incluso en el frontero reino de Castilla.
Eiximenes propone una ciudad con calles que se cortan ortogonalmente, un trazado en damero, ya conocido desde los griegos (creado porHipodamo de Mileto), añadiendo una cierta sectorización de usos.
En la Edad Moderna no aparecen señales en la península de que hubiera preocupación por el trazado urbano, y las poblaciones siguieron la tónica de crecimiento orgánico de las ciudades mediterráneas, pero el influjo de Eiximenes se nota en la aventura de la colonización. Las nuevas ciudades que se crearon en las Indias Occidentales españolas, con una gran repercusión en el urbanismo del resto América, deben mucho a sus ideas. Y no hay que olvidar que ningún otro imperio ha creado tantas ciudades como los españoles, fundamentalmente en América.
Quizá la aportación más importante de España al urbanismo de entonces se hace en las Leyes de Indias, especialmente en la época de Felipe II, en las que se legisla sobre la forma que han de tener las ciudades, desde la orientación hasta el ancho de las calles en función de las direcciones de los vientos dominantes o el clima de la zona. Se determina si el lugar es bueno para fundar una ciudad matando animales silvestres y viendo si tienen las entrañas sanas, lo que significa que las aguas y los aires son sanos. Se dice la situación del edificio de gobierno, de la iglesia mayor, de la plaza, etc. Y siguiendo esas leyes, en las Indias Occidentales se hicieron miles de ciudades.
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